Del pinar de Gredos al rebollar: los bosques que explican qué setas salen en Ávila
Los montes abulenses regulados por Micocyl tienen un perfil muy definido. En el acotado AV-50.006 "Montes de la Comunidad de Castilla y León en Ávila", nueve de cada diez hectáreas productoras son pinar de montaña. Esa dominancia marca el calendario de la temporada y explica por qué unas especies aparecen aquí y otras no.
Un territorio de pinar de montaña
De las 7.477 hectáreas reguladas en el acotado AV-50.006, el 90 % de la superficie productora corresponde a pinares de montaña, fundamentalmente de pino silvestre (Pinus sylvestris). El 6 % restante son pinares de llanura (Pinus pinaster, P. pinea, P. nigra, P. halepensis), un 3 % rebollares (Quercus pyrenaica) y un 1 % encinares y quejigares (Quercus ilex, Quercus faginea).
Es un reparto poco frecuente, y tiene consecuencias. El pinar de montaña es un hábitat de suelos ácidos, veranos frescos y otoños húmedos, condiciones que favorecen a las especies micorrícicas de mayor interés: los boletus y los níscalos encuentran aquí su sitio.
El acotado AV-50.003 "Gredos" aporta matices al conjunto provincial, con presencia de rebollares y pinares que amplían la variedad de ambientes de recolección.
El calendario, bosque a bosque
El año micológico abulense empieza antes de lo que muchos imaginan. Entre febrero y abril, cuando todavía queda nieve en las zonas altas, aparece el marzuelo (Hygrophorus marzuolus), ligado al bosque maduro de cumbres y laderas. La primavera trae las colmenillas (Morchella) en abril y mayo, y el perrechico (Calocybe gambosa) de abril a junio, este ligado a los pastizales.
El verano es la estación de los boletus oscuros. El hongo de verano (Boletus aereus y B. aestivalis) se recoge de junio a septiembre en bosque maduro, vaguadas y laderas, y la oronja (Amanita caesarea) aparece de julio a octubre, siempre asociada a los quercíneas y las zonas más térmicas. El rebozuelo (Cantharellus cibarius) tiene un recorrido largo, de junio a noviembre.
El otoño concentra el grueso de la recolección. El hongo blanco (Boletus edulis) entra en septiembre y se mantiene hasta noviembre, junto al hongo rojo (Boletus pinophilus), que aprovecha los pinares. El níscalo (Lactarius sp.) es el compañero inevitable de la temporada, de septiembre a diciembre, y lo hace prácticamente en cualquier ambiente: bosque joven, bosque maduro, laderas y vaguadas. En octubre y noviembre llegan las llanegas (Hygrophorus sp.) y la seta de cardo (Pleurotus eryngii), esta última en pastizales y vaguadas.
El cierre lo pone la capuchina (Tricholoma portentosum), en noviembre y diciembre, cuando el monte ya está frío y la mayoría ha guardado la cesta.
Leer el monte antes de buscar
Conocer el hábitat ahorra kilómetros. Cada especie tiene sus preferencias: unas buscan las cumbres y laderas, otras el fondo húmedo de las vaguadas, otras el pastizal abierto. En un territorio tan dominado por el pinar como el abulense, las manchas minoritarias de rebollar, encinar o pastizal concentran especies que no aparecen en ningún otro sitio del acotado.
La producción media anual sostenible del AV-50.006 se estima en 94.553 kg. Es la cifra que sostiene la planificación de la campaña y la que marca, en última instancia, cuánto puede dar el monte sin comprometer las temporadas siguientes.
